ORIGEN

Todo

esto comienza en el principio de la historia, en la historia de las piedras. Las piedras tienen una historia de millones de años atrás, entonces, ahí comienza la historia del Fuego Sagrado de Itzachilatlan.

Antiguamente, con el nombre original que nuestros abuelos utilizaban, Tonal Teokalli, que es la casa del creador, la casa de nuestros antepasados. Entonces, la tradición, el camino rojo, el fuego de la media luna, el fuego de las siete generaciones, el fuego de nuestros antepasados, todo esto, es uno mismo. Recordamos nuestra historia como nuestro padre, que es el fuego sagrado.

Padre y Madre, o los dos en uno. Ome Teotl,que quiere decir dualidad creadora.

El mismo principio es el misterio, o es el origen del Gran Espíritu. El primer hombre, la primera mujer, salió del fuego de nuestra madre tierra y de nuestro padre el Gran Espíritu.

Los Cuatro Elementos

Los dadores de la vida

El respeto y la reverencia que las tradiciones antiguas de América mantenían hacia los 4 elementos fundamentales: la Tierra, el Agua, el Fuego y el Aire. Este respeto estaba basado en una consideración fundamental: nuestros antepasados estaban conscientes de la estrecha relación y dependencia que guarda la vida del hombre con estos 4 elementos.

"para nuestros abuelos indios, había sólo 4 cosas a los que ellos se permitían aplicar el calificativo de "necesarias": la tierra, el fuego, el aire y el agua. Quita uno solo de esos 4 elementos y la vida misma del ser humano deja de ser posible. Ahí tienes una razón sencilla por la que es importante guardar el inmenso respeto que guardamos para con estos 4 abuelos: ellos son los dadores de la vida, la vida proviene de ellos y nosotros simplemente - como nuestros viejos - hemos aprendido a agradecer constantemente ese regalo".

Son cuatro elementos, y el cuatro, representa la constitución material de nuestro universo, pues la materia (mater = madre) está formada por 4 elementos.

Tenemos en primer lugar a la Tierra, que es lo que confiere solidez, lo que da estabilidad, endurece y aísla, tanto en la dimensión de lo físico, lo psíquico y también en lo espiritual. A semejanza de la Tierra, las madres (humanas y animales) poseen la capacidad de convertir su propio cuerpo en alimento para sus hijos. En la tierra yacen los huesos y la carne de nuestros antepasados, y como estamos hechos de Tierra, nuestros antepasados viven también en nosotros. "En el vientre paciente y fructífero de nuestra Madre, la Tierra, se esconden los embriones de plantas y hombres"

Y la tierra es, además, legítima dadora de conocimiento, pues - como todos los demás elementos - "ha estado aquí mucho antes del aparecimiento del alma humana, y como es más vieja, posee una experiencia mucho mayor que la del hombre".

En segundo lugar está el Agua, que tiene el poder de unir, amalgamar y también el de disolver. Que enseña fluidez y también adaptabilidad, es decir, la capacidad plástica de tomar cualquier forma . El Agua que nos enseña a ser transparentes, que es símbolo de vida y generación, que limpia y purifica. Todavía hoy en día, muchas ceremonias indígenas en nuestro continente, empiezan con un lavatorio ritual.

Está en tercer lugar el Aire, que es lo que expande, difunde y relaciona. Está presente en el aliento del hombre y del animal, ese aliento por el cual - relatan muchas de las tradiciones de la Tierra - el Creador infunde vida en sus criaturas. El Aire es, por tanto, señal inequívoca de la presencia de la vida en el hombre, y cuando la vida lo abandona, se extingue también la presencia del Aire, del aliento. Además, el Aire es el vehículo de la luz.

Y finalmente está el Fuego, lo que dinamiza, transforma y libera. "El fuego que está siempre relacionado con el concepto de purificación, energía primaria, vida, calor, civilización (en el sentido más amplio de Conocimiento Superior)". El Fuego que es el Sol mismo y que preside desde el centro muchos de los círculos ceremoniales y rituales nocturnos de nuestros pueblos.
"Para nuestras filosofías, el Sol es nuestro Padre que da el calor y la energía a la vida. La Tierra es nuestra Madre, fecundadora de vida y dadora de los alimentos. El Aire es nuestro hermano que todos respiramos y compartimos. El Agua es nuestra hermana, fuente de vida de la cual todos bebemos. Estos 4 elementos son sagrados, así nos lo dijeron nuestros antepasados y nosotros tenemos el derecho de respetarlos y transmitir sus enseñanzas a las generaciones futuras".